Tarta de manzana

Sí, todo un clásico (y, probablemente nadie se lo esperaba xD)

Con la cantidad de recetas dulces que hay en internet pululando, esas que te hacen llenar el teclado de babas simplemente pensando en lo bueno que tiene que estar ese cupcake o un trozo de aquella tarta, ¿por qué tiene que ser una tarta de manzanas la que empiece la lista de dulces?

Porque todo tiene una historia detrás. La primera tarta que yo hice sola (con ayuda de mi madre, claro!) fue una tarta de manzanas. Cuando empecé a leer, mi madre me compró una colección de libros muy finitos, con muchos dibujos y letras bien grandes. Uno de ellos, mi favorito, era sobre un gatito y su mamá que hacían una tarta de manzanas. Y yo, que no era para naaaada cabezota, me empeñé en que si el gatito había hecho la tarta, yo también podía hacerla. Pasemos por alto que yo no tendría más de 6 años y casi no llegaba a la encimera de la cocina.

Pues bien, a pesar de ser una pequeña dictadora en potencia, mi madre consiguió enseñarme a hacer la receta, aunque no era exactamente la del libro, si no la que ella había hecho siempre.

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Desde entonces, cada vez que veo una tarta de manzanas, no puedo evitar acordarme de aquella primera tarta que hicimos entre las dos, la primera de muchas otras. Por eso, la primera receta dulce tiene que ser por la que comencé a cocinar. Y un homenaje a aquella persona que me ha dejado llenar la cocina de tiestos, cachivaches y salpicaduras de comidas varias.

Ingredientes:

Para la crema pastelera (Extraído del libro 1080 Recetas de cocina de Simone Ortega)

1/2 litro de leche

3 cucharadas soperas de leche fría

3 yemas de huevo

5 cucharadas soperas de azúcar

2 cucharadas soperas de maicena

1 cucharada sopera de harina de trigo

Para la tarta

1 rollo de masa quebrada

2 manzanas (cualquier variedad, yo usé Pink Lady)

un poco de azúcar para espolvorear (normal o glass, como más os guste)

Primero hacemos la crema pastelera: ponemos a calentar el medio litro de leche en un cazo, a fuego bajo (hay que calentarla mucho, pero sin que llegue a hervir). Mientras, en un bol, mezclamos las yemas de huevo, el azúcar, la maicena, la harina y las 3 cucharadas de leche fría. Cuando esté a punto de hervir la leche, la separamos del fuego y vertemos un poco (como 4-5 cucharadas) en el bol donde está la mezcla de las yemas. Mezclamos rápidamente, para que las yemas no cuajen y repetimos un par de veces. Luego, volcamos todo al cazo, volvemos a colocar al fuego, y removemos hasta que espese. Muy importante, no dejéis de remover, que se pega al fondo del cazo y se quema. Apagamos el fuego y la retiramos del mismo.

Por otro lado, colocaremos la masa en el molde. La mía venía enrollada  con su papel por debajo, así que no tuve que engrasar el molde ni nada. Extendemos la masa por todo el molde, asegurándonos de que no quedan burbujas de aire y la pinchamos con un tenedor. Vertemos la crema pastelera sobre la masa, la distribuimos para que forme una capa del mismo grosor por todos los lados y dejamos la tarta a un lado.

Ahora viene la parte divertida: si queréis una tarta normal, tan sólo hay que pelar las manzanas y cortarlas a rodajas finas. Si queréis hacer esta monería, vais a tener zumo de manzana hasta los codos. Las pequeñas rosas se hacen cortando capas de manzana muy finas con un pelador. Cogemos la manzana, la lavamos muy bien, la descorazonamos (para que sea más sencillo) y le cortamos un trozo de la parte de arriba. Ahora, con el pelador en la mano, lo ponemos sobre la superficie de la manzana y empezamos a cortar, presionando con el pelador y girando la manzana con la otra mano. Es algo parecido a sacarle punta, solo que lo haremos por trozos. Luego, vamos cogiendo esos trozos y los colocamos como si fueran los pétalos de una flor: empezamos por un trozo que se enrolla sobre sí mismo y vamos añadiendo trozos que lo rodean. Cuando terminemos muestra primera flor, la colocamos en la tarta y continuamos con la siguiente. Es un proceso lento y un poco frustrante, pero echadle paciencia, pues merece la pena.

Una vez tengamos la tarta llena de flores, espolvoreamos un poco de azúcar por encima y metemos al horno según lo que marquen las instrucciones de la masa quebrada. La mía ponía que a 180º, unos 15 minutos.

Cuando termine de cocerse, la sacamos y la dejamos enfriar. ¡¡Ya esta lista para comer!!

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¡Que aproveche!

Nya

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Pastel de brócoli

Hace mucho tiempo que quiero abrir un blog de cocina, pero nunca encontraba el momento. Por un motivo u otro, lo posponía siempre para más adelante, pues ya encontraría un buen momento. Bien, pues como hoy puede ser un buen día, ¡queda inaugurado!

Ahora viene la pregunta estrella ¿con qué receta inauguramos el blog? Pues resulta que hace tiempo (muuucho tiempo) una compañera de trabajo le pidió a mi novio la receta de un plato que se llevó al trabajo para comer. Él me la pidió a mí, y yo dije: venga, cuando la suba al blog le doy el link y….la pobre chica tiene que odiarme (si me estas leyendo: lo siento!! v.v) Pero, al fin, aquí esta la ansiada receta.

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Ingredientes

500 gr de brócoli

150-200 gr de bacon, cortado en tiras (según os guste más o menos cantidad)

1 brick de nata (aproximadamente, 150 ml)

Queso rallado

Ajo en polvo

Pimienta negra molida y nuez moscada

Aceite de oliva

Ponemos una olla con agua al fuego. Mientras empieza a hervir, vamos separando los ramilletes de brócoli del tallo y los enjuagamos. Cuando esté hirviendo el agua, echamos el brócoli y un puñadito de sal. Dejamos que el brócoli se cueza hasta que vuelva a hervir el agua (unos 3-4 min.) y lo escurrimos. El brócoli tiene que quedar un poco duro, ya que se tiene que terminar de hacer en el horno. Reservamos.

Mientras se hace el brócoli, cogemos una sartén y freímos el bacon con un poco de aceite, y espolvoreamos un poco de ajo en polvo (podéis hacerlo sin aceite si queréis que tenga menos grasa, pero es más difícil repartir el ajo entre los trozos, y puede que se quede pegado sólo en algunos trozos).

Cuando ya tengamos todo listo, mezclamos el brócoli y el bacon en la olla donde hemos cocido el brócoli, y añadimos la nata, un pelín de pimienta negra molida y nuez moscada. También podemos añadir también un poco de queso rallado, que aportará un poco de sabor y textura a la salsa. Pasamos a una fuente para el horno, extendiendo en una capa generosa y coronamos con el queso rallado y una pizca de nuez moscada. Pasamos al horno, donde estará lo justo para que el brócoli termine de hacerse y el queso se gratine.

Esta receta es muy sencilla y está realmente buena. Además, puedes duplicarla fácilmente y congelar lo que no se consuma, pues podemos usar bandejas metálicas de usar y tirar y dejarlo todo listo para la siguiente vez.

¡Que aproveche!

Nya